Biografía completa de Jose de Ribera

En José de Ribera (1591-1662) nos encontramos una de las figuras más representativas de la pintura barroca. Nacido en Játiva (Valencia), estudia con Ribalta y se traslada muy joven a Italia, donde recibirá el influjo de Caravaggio. En Roma vive en ambientes humildes e introduce en sus ternas el mundo doliente de los mendigos; en Nápoles recibe el apoyo del virrey, su arte triunfa y vive rodeado de lujos, aunque amargado por problemas familiares.

En su estilo se fundirá la profunda emoción religiosa de la pintura española y el dominio del color y de las luces, a partir del estudio de los grandes pintores renacentistas romanos y de los tenebristas, Así nos hallamos ante un arte sombrío y dramático, próximo a Caravaggio, pero con mayor riqueza cromática y religiosidad más patética que la del fundador del Tenebrismo.

En su obra no faltan cuadros realistas, inspirados por su vivencia bohemia de Roma, como El niño cojo quien sonríe mostrando la suciedad de sus dientes ajeno a la tragedia de su pie destrozado, ni los cuadros naturalistas como La mujer barbuda, ejemplo que demuestra que el ansia de bucear en la realidad que inspira a los pintores barrocos desemboca en la representación de todo aquello que se dé en la naturaleza, aunque sea desagradable, raro o feo. Con cierta frecuencia cultivó el tema mitológico, a veces con ironía, otras para plasmar inmensas figuras musculosas que representan en el barroco el mismo mundo sobrehumano de Miguel Angel; así su serie de gigantes: Ixión, Ticio.

El género religioso ocupa la parte central de su actividad Sus apóstoles, como San Andrés y sus ermitaños como la Magdalena y San Pablo, que hacen penitencia en cuevas oscuras, iluminadas al fondo por una entrada que permite ver un tronco desnudo, En las grandes composiciones como El sueno de Jacob ( El Prado) insiste en su preocupación por la fuerza; nada más alejado de un sueño plácido que el dormitar de ese hombre fornido, cuya cabeza pesa como una mole sobre su mano áspera. Un compendio de su estilo puede verse en el Martirio de San Bartolomé (Prado) fechado en 1630.

Afán constante de su estilo es la representación de la ruina del cutis humano; es el pinto de las frentes arrugadas, los dedos ásperos y los muslos delgados que permiten la visión de los huesos.

En la riqueza del color y la maestría de la composición podría ser considerado un pintor italiano, pero por la emoción religiosa y su realismo intenso, constituye uno de los exponentes más altos del barroco español.